Posteado por: chama | octubre 5, 2007

Tzfat

En nuestra primera noche con relativamente poco sueño, como “premio” por no haber pasado el año nuevo como corresponde, nos llevaron a una discoteca. Cuando llegamos casi no había gente (era martes y solo había 2 chicas), y pasaban música argentina y latina, sin entender si es común que escuchan ese tipo de música dado que son fanáticos de las tiras argentinas, o si pusieron esa música porque sabíamos que ibamos nosotros. Pero lo más raro de todo era que en la entrada había una escalera que iba hacia el piso de arriba que estaba deshabilitado, y en esa escalera había 5 soldados con un rifle cada uno, cuidando uno vaya a saber qué (según una de las chicas, qué era soldado pero estaba de franco, cuidaban que nadie se las levante, cosa que llegué a creer por un momento jaja).

Igual que durante los 10 días que duró esta parte del viaje, nos subimos al omnibus al otro día por la mañana bien temprano sin saber a donde estabamos yendo. Esta vez el destino era Tzfat (Safed, צפת, etc.), una ciudad bastante al norte de Israel. De a poco lo que veiamos se iba pareciendo un poquito más a Israel.

Las casas son mayormente de piedra, están sobre las montañas, y dan una sensación de antiguedad. Aunque estuvimos poco tiempo, recorrimos una especie de callejón donde había algunas sinagogas muy antiguas y una especie de feria montada entre estos templos, que está al borde de una montaña y tiene una vista panóramica de la ciudad muy buena.

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Portón en una casa en Tzfat

Cabe destacar que si uno esta viajando por su cuenta, sin ningún tour, no es un lugar excepcional para ir, a menos que se tenga mucho tiempo.

Aunque nos dieron 10 minutos para ver la feria, ya a los 2 minutos nos insistian para que nos juntemos de vuelta y subamos al micro para seguir con el maratónico tour, y ahí es cuando aproveche para escaparme junto con 3 personas más para poder avisar a nuestras familias que habíamos llegado a la Tierra Santa y seguíamos vivos, desde el único teléfono público que funcionaba de los 3 que había visto en 3 días. Apenas pude hablar 2 minutos y tuve que colgar para ir a nuestro próximo destino: Un barrio druso.

Los drusos son una minoría religiosa que están dispersos por todo Medio Oriente. A simple vista parecen árabes aunque no lo son (los drusos que viven en Israel sirven para su ejército por ej.), pero viven parecido a como viven los árabes. En menos de 3 cuadras de ese barrio vi mezquitas, sinagogas y una iglesia. Nos habían dicho que estábamos invitados a la casa de una familia drusa, pero como era de suponer, fuimos a una casa ambientada como una casa de drusos, pero para el turismo, aunque igual estaba muy buena, rodeada de sables y adornos drusos (que para mí, insisto, siguen siendo igual a los árabes). Nos ofrecieron de tomar café druso, y nos intentaron vender especias antes de irnos, mientras el druso líder de la familia (dueño del mininegocio) nos contaba como es la forma de vida de los drusos, simultáneamente traducido por Iuval, nuestro gran guía.

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“Casa” de nuestros amigos los drusos

De nuevo nos subimos al micro sin saber adonde carajo estamos yendo. Ésta vez nos tocó ir a las grutas de Rosh Hanikra, muy cerca de la frontera con Líbano, en la costa del Mar Mediterráneo. Para llegar tomamos un teleférico que te baja al nivel del mar. En ese momento todavía no sabíamos que era el lugar en donde estábamos. Después de ver un corto explicativo en el microcine, nos adentramos en las grutas, ya habiéndome olvidado la historia del lugar que nos relató la película. Hay un camino hecho para recorrer la gruta, que es bastante chica, pero el reflejo del agua ultra azul del Mar Mediterráneo hacía un efecto en las paredes de la gruta que solo por eso vale la pena ir a verlo. Subimos por la parte exterior de las grutas para sacarnos una foto grupal mientras vemos el atardecer y escuchamos una música celestial cantada por un coro de una veintena de chicas judías ultraortodoxas desde adentro de la gruta, que supongo, habían ido a ensayar ahí por la manera en que retumban las voces ahi adentro.

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Teleférico a la base de Rosh Hanikra

Ya de noche nos vamos a la frontera con el Líbano, muy cerca de ahí, nos sacamos una foto en el límite y volvemos. No hay mucho para ver ahí salvo una reja con libaneses del otro lado. Después de 10 horas de recorrida sin parar, finalmente volvemos para el hotel, pero no sin antes tener una charla de 2 horas reflexionando sobre el viaje.

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Frontera con el Líbano

 

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Responses

  1. Chama Querido, te mando un gran abrazo, gogleando (para no decir webeando) encontre esta pagina y me la lei toda, me hiciste recordad cosas que ya se me habian desvanecido un poco por culpa del quilombo cortidiano, te mando un gran abrazo.
    Ale Schek

  2. solo quiero corregir que los drusos son arabes 100%


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